martes, 2 de diciembre de 2008

Historia de la Masonería en Venezuela por Eloy Reverón


Los orígenes de la Masonería en Venezuela están ligados a las cofradías de los militares profesionales, quienes después de pelear en las guerras napoleónicas, vinieron a pelear en ambos bandos de la guerra de emancipación venezolana, tanto por la causa patriota como por la realista. Aunque Celestino Romero realiza una serie de especulaciones en su libro “Raíz Histórica de la Masonería en Venezuela”. Estas afirmaciones provienen de manipulaciones, que de las fuentes bibliográficas realizaron otros autores masones interesados en hacer lucir a la Masonería como “Madrina” de la Independencia, tal como mostré en mi tesis sobre la Masonería Venezolana en el Siglo XIX (UCV Escuela de Historia, 1992). Romero, sin ser historiador, ni siquiera de oficio o afición, afirmó que en nuestro suelo, la Masonería ya estaba presente antes de estos movimientos independentistas. Su elucubración consiste en afirmar que los reos que llegaron a La Guaira el año 1796, de la España monárquica: cuatro prisioneros acusados de rebelión en contra de La Corona; los nombres de estos revolucionarios eran: Manuel Cortes Campomares, Juan Mariano Picornel, José Manzanares y Sebastián Andrés, quienes quisieron convertir en Republica Liberal a la España Monárquica. Ninguno de los autores anteriores se preocuparon por mostrar de donde sacaron la idea de que estos señores eran masones. Simplemente parten de una premisa simple, si es revolucionario republicano, liberal tiene que ser masón. Pero resulta que personajes como el general Morillo y otros oficiales españoles también se reunían en logias, y sabemos por investigadores masones serios, como Leonel Semungal (AQC de Londres), que en la isla de Santa Lucía en El Caribe Oriental, existieron logias compuestas por masones monárquicos que tuvieron que escapar a la monárquica Trinidad, cuando los funcionarios de la Revolución Francesa, llegaron con el objeto de decapitarlos, dejando incluso el suntuoso templo masónico reducido a escombros.
Como lo he mostrado en otros trabajos, esa fantasía masónica proviene de un autor llamado Asciclo Valdivieso Montaño (autor de un valioso trabajo sobre Boves), quien extrajo de un artículo de una enciclopedia, la fuente “histórica” de su afirmación. Pero para no poner en contradicción las fuentes que utilizó, omitió la fecha de la llegada de los primeros masones a Venezuela, 1808, señalada por José de Jesús Castro, en un agregado que le hace a la traducción e impresión de la Pintoresca Historia de la Masonería y las Sociedades Secretas, publicada originalmente en París en 1848, cuyo autor, F.B.T. Clavel, hace referencias a la Masonería Venezolana, en tiempos posteriores a la llamada guerra de Independencia.
El primer documento que nos permite pensar seriamente en la presencia de una institución, lo constituye una solicitud de carta patente para regularizar una logia que funcionaba en Valencia (1823), donde algunos connotados legionarios británicos habían iniciado al Centauro, y lo habían nombrado Venerable Maestro de su logia.
El documento en cuestión se encuentra en la Academia Nacional de la Historia en Caracas. Allí hace mención a un comerciante estadounidense de apellido King, que ya había recomendado a las logias de Barcelona, Cumaná y La Guaira, solicitar sus cartas patentes. Este comerciante estadounidense estuvo en contacto fortuito con el cónsul británico Robert Kir Porter, según algunas referencias que este último hace en su diario.
En la continuación de esta nota mostraremos con mejor detalle los orígenes de estas fantasías masónicas, repetidas por tantos años que casi se convierten en verdad.

sábado, 14 de junio de 2008

La Guerra de los Cien Años* Eloy Reverón

Parte II Discurso pronunciado por el Historiador Eloy Reverón en el Templo Masónico de Altamira, el 20 de febrero de 2006
Existe una tendencia historiográfica que presenta a la guerra de emancipación como una lucha por la libertad y la independencia política que termina con la batalla de Carabobo, la toma de Puerto Cabello y la batalla naval del Lago de Maracaibo. Vincula el origen de la violencia con la presencia del gobierno español, donde la llamada independencia asume el rol de panacea que se desborona ante la realidad vivida después de reconocida nuestra independencia política. Una independencia política obtenida por la fuerza de una unas armas compradas a crédito, la cual generó una deuda tan importante que incidió de manera fundamental en nuestra dependencia económica. La violencia política se mantuvo porque las causas esenciales de la guerra no fueron erradicadas. La base de la economía se apoyaba en la explotación de la fuerza de trabajo esclava, y el sistema de exclusión social fundamentado en el color de la piel dejaba fuera a la gran mayoría de la población parda. Este conflicto fue enunciado por la clase mantuana como el conflicto entre la libertad y la autoridad. El temor de los mantuanos ante la amenaza de la pardocracia. El colectivo venezolano ha seguido la línea de un líder que actúa como una suerte de mecías a quien se acude en los momentos de mayor tensión social, o cuando el conflicto esencial de nuestra historia alcanza su máxima intensidad. La tendencia del culto a la personalidad es un producto socio histórico de nuestra cultura. Para entender este conflicto, el historiador positivista como Laureano Vallenilla Lanz, miembro de la logia Lumen, lo califica como integración y desintegración, Rómulo Gallegos lo ilustra como la lucha entre la barbarie y la civilización, el marxismo como la lucha entre explotadores y explotados. Todas son formas de abstraer la realidad histórica a lo teórico con el fin de explicar o comprender o llevar al nivel cognoscitivo, la relación pasado presente. Pero si extraemos ese conflicto de lo abstracto a lo concreto, nos encontramos con un proyecto de implantación de un modelo de sociedad y de civilización, frente a un sector excluido que siempre la rechaza. Se trata de un modelo de sociedad fraternal, de amor universal o católico, que funge como supraestructura ideológica para sustentar un sistema económico colonial cuyo objetivo se centra en las necesidades del mercado metropolitano y del creciente capitalismo internacional. Pero este modelo encontró resistencia, los pobladores originales, los primeros pero no los únicos que no tenían lugar en esa sociedad que se implantaba, a no ser como sirvientes o como amantes sometidos. En trescientos años, esa forma de dominio ejercida por los europeos que llegaron desde afuera, acusó una debilidad fundamental. La gente que quedaba fuera de la protección de los muros de la Casa Grande, discriminada, excluida de la sociedad implantada. Esa clase marginal sobrepasaba las tres cuartas partes del total de la población al iniciarse la crisis de autoridad de 1911. Este sistema colonial había establecido una serie de privilegios y exclusiones que generó tensiones severas en la medida que el número de excluidos sobrepasaba a los privilegiados habitantes de la Casa Grande.

* La guerra de los cien años es el nombre de un capítulo del libro Ni Dios ni Federación, del historiador Manuel Caballero
(En próximas actualizaciones continuaremos con el texto del discurso)

jueves, 24 de abril de 2008

Antonio Guzmán Blanco Eloy Reverón

Discurso pronunciado por el Historiador Eloy Reverón en la Logia Ilustre Americano de Caracas.
En el Templo Masónico de Altamira, a los 20 días del mes de febrero de 2006

Texto del Discurso (Primera Parte)
Es poco lo que se pueda agregar a la información que se maneja en torno a la vida de un personaje como el que me honra tratar ante una audiencia, que con Antonio Guzmán Blanco, guarda con muchos de los presentes, un vínculo que se fundamenta en compartir la experiencia de la Iniciación en los Augustos Misterios de la Orden de La Escuadra y El Compás.
Para llegar a un acercamiento justo[2] tomamos un camino diferente al de sus biógrafos. No vine a narrar ni sus hazañas, ni sus pecados. Ni panegíricos ni adulaciones estériles, menos aún hacer juicios históricos. El registro de la vida masónica de Guzmán Blanco es breve. Se conservan sus discursos como el pronunciado en las Pompas Fúnebres del paladín de la Masonería Venezolana, el general Santiago Mariño, Serenísimo Gran Maestro del Gran Oriente Nacional de Venezuela. También son célebres sus palabras pronunciadas durante los actos de inauguración del Templo Masónico Nacional. Dejó tras él, una logia que hizo un trabajo muy importante por su liderazgo y la capacidad de organización para dar una respuesta a la sociedad en momentos de emergencia. La Respetable Logia Esperanza N 37.
El motivo de mi reflexión se orienta a exponer algunos elementos que conformaron el ambiente institucional, político y social del tiempo histórico donde brilló la existencia del Ilustre Americano, miembro fundador de la Logia Esperanza N 37 en 1854[3]. En el cuadro logial figura como Orador Fiscal, muy a tono con su profesión de abogado, aunque después de instalada la logia, su asistencia decrece paulatinamente en tanto que su vida pública se hace cada vez más intensa; tanto en el mundo de la Diplomacia, como en el de la Guerra, la Política, o el de las finanzas.
Para entender el sentido esencial de la obra de un líder histórico como Guzmán Blanco es necesario ubicarnos más allá del bien y del mal[4], y sobre todo de gustos personales. Esta aproximación nos ha dado resultados interesantes para conocer el ambiente donde se desarrolló una personalidad semejante.
En virtud de las razones expuestas, debo aclarar que sobre la vida de los Guzmán se han escrito prestigiosas biografías que los beatifican o satanizan, según el punto de vista del autor que se asuma su juez.
Trazar las líneas iniciales para entender el momento histórico, donde el apellido Guzmán participó con su vida para conducir el destino político de Venezuela que algunos historiadores definen como Guzmanato, el siglo de la Masonería.

El tiempo de los Guzmán transcurre en una centuria caracterizada por la violencia política expresada en una cadena de guerras civiles. En la primera crisis de autoridad de La Corona Española, José Bonaparte obliga al rey Fernando Séptimo a renunciar al trono. La clase mantuana se reúne en el cabildo y se declaran independientes como consecuencia de su intento por defender los derechos del rey Fernando Séptimo. Esta clase mantuana mantuvo al margen a la mayoría de los pardos y el resto de los excluidos se revelaron en contra del gobierno patriota, alzados en armas; la caballería de lanceros llaneros comandados por el general José Tomás Boves, irrumpen en una guerra de exterminio contra los blancos criollos.
Esa explosión social fue reorientada después de la batalla de Urica, donde muere el Taita de los llaneros rebeldes, y el general Páez los logra reclutar bajo su mando, pero al servicio de la causa patriota, y luego de la oligarquía conservadora. Así el general José Antonio Páez mantiene a raya, a la violencia opositora al proyecto de sociedad implantada, cuya reformulación contribuyó a legitimar el Centauro con la fuerza de sus armas a partir de su primera presidencia en 1830.
Antonio Leocadio Guzmán regresa a Venezuela en 1823. A los seis años de instalado ha logrado casarse con una dama de la sociedad caraqueña, y ya tiene en la cuna al sucesor del general Páez.
Sin embargo debemos estar conscientes de que no se puede entender al Ilustre Americano sin conocer al padre, Antonio Leocadio Guzmán, cuyo papel protagónico en la política venezolana marcó un hito, tanto en la vida política nacional, como el la formación política de Antonio Guzmán Blanco.
El otro aspecto relevante de Guzmán es su origen familiar, donde se aprecia por la línea materna; la familia Blanco, perteneciente a la rancia aristocracia caraqueña, la misma prosapia de doña Concepción Palacios y Blanco, madre del Libertador. Su padre por el contrario, fue enviado a estudiar a España después que su abuelo, un sargento realista de quien no hay muy gratos recuerdos por parte de los patriotas de la plaza de Puerto Cabello, se había ido a Cuba tras la derrota de los realistas.
¿Qué le pasó al padre de Antonio Guzmán Blanco, Antonio Leocadio Guzmán?
Regresa de España educado para participar en la vida política nacional fundando el periódico más polémico de su tiempo, vocero del partido Liberal, grupo político al que perteneció, y miembro de una Masonería de cuya trayectoria se sabe poco, porque la violencia política quemó la mayor parte de sus archivos.
Antonio Leocadio Guzmán se educó en España mientras los venezolanos de su edad sobrevivían a los azotes de la guerra. Busca relaciones políticas mediante la Masonería, posición social mediante el matrimonio, y un espacio en la vida pública en el ejercicio del periodismo como redactor y dueño del más influyente medio de comunicación social de su tiempo.
Regresó en un momento de transición, una tregua abierta después de la primera etapa de las guerras civiles, conocida como la Guerra de Emancipación. Para comprender al Ilustre Americano, es necesario entender el mundo político donde se desenvolvió su padre, fundador del periódico El Venezolano (1840 1845) y el Partido Liberal. En alguna oportunidad tuvo que suspender sus estudios por los altos y bajos de la vida de su padre, que se vio perseguido, condenado a muerte, indultado, exilado y restituido en sus funciones públicas de alto nivel, en lapsos relativamente cortos. Su casa llena de políticos e intelectuales. Este primogénito sabrá cumplir por su padre, el sueño de llegar a ser presidente de Venezuela.
En los días que Guzmán vino al mundo, el Proyecto Bolivariano está en crisis, es 1829 cuando el Consejo de Gobierno de Colombia le proponía al Libertador un proyecto de monarquía con su respectivo cargo de Emperador. Guzmán nació poco después del atentado contra la vida del Libertador en Bogotá, y cuando la estrella del General José Antonio Páez comenzaba su ascenso como el hombre fuerte que impondría su liderazgo en Venezuela hasta la llegada del general Antonio Guzmán Blanco al poder.
Entre Páez y Guzmán median dos generaciones de masones y una guerra de emancipación con sus respectivas ramificaciones bélicas hasta la última, la más larga y agotadora de las guerras civiles de la Venezuela independiente del siglo XIX y de cuyos escombros surgiera como el Ave Fénix, el liderazgo político de Antonio Guzmán Blanco. Se fueron los militares españoles pero quedaron los españoles mentales, la ideología colonialista de los inversionistas. Guzmán supo asociarse con el capital extranjero para financiar un sistema autocrático de gobierno vinculado a la modernización de las instituciones. Un espacio de paréntesis en la Guerra que los textos escolares dividen en Septemio, Quinquenio y Bienio. Pero más allá de la típica visión del pasado que pretende dividir la realidad histórica en períodos presidenciales, están los influjos de un hombre que supo como sacarle provecho a un país en ruinas.
Antonio Guzmán Blanco llegó para ocupar el cargo del Centauro como el hombre fuerte que liderará a Venezuela después de finalizada la Guerra Federal. Asumirá el rol de líder de los líderes hasta finalizar el siglo XIX. Con su muerte en París, a finales de julio de 1899 quedará vacante el oficio del hombre fuerte hasta el ascenso del general Gómez.

Notas
[1] Discurso de Eloy Reverón para el centésimo septuagésimo séptimo aniversario de su nacimiento en la Logia Ilustre Americano.
[2] Serio y desapasionado
[3] Fue instalada el 27 de diciembre de 1853
[4] Una aclaratoria con respecto al personaje, por demás inspirador de las más diversas polémicas, para quienes no ven la historia más allá del mero episodio de sus protagonistas, y la asumen como un asunto tan personal como pueda ser la simpatía por los Leones del Caracas, o los Navegantes del Magallanes. Quiero dejar claro que existen argumentos tan fundamentados y válidos para alabar su obra, como para destruirla.

Continuará en la próxima actualización de la página

miércoles, 23 de abril de 2008

La Casa Natal de Miranda: Eloy Reverón

En la ciudad de Caracas existieron tres casas vinculadas a la Familia Miranda Rodríguez. La primera residencia ocupada en 1749, ubicada en la esquina de El Hoyo N 4, en el antiguo límite entre la parroquia de San Pablo y Santa Rosalía, contigua a la casa de la esquina donde tenía su primera tienda.
En 1759, cuando El Precursor tenía nueve años, los Miranda Rodríguez se mudaron a la esquina de Padre Sierra, según el historiador José Nucete Sardi en su libro Aventura y tragedia de Francisco de Miranda, p 10, … se la tuvo erróneamente, durante mucho tiempo, por la casa natal del Precursor. Este vivió en ella de los nueve a los veintiún años, o sea de 1759 a 1771,…
En 1791, estaba ocupada por la señora Rosa Miranda de Fernández, época en la cual estuvo don Sebastián convaleciente. La segunda casa ubicada entre las actuales esquinas de la Bolsa y Pedrera, a donde fue trasladado don Sebastián, pocos días antes de su muerte en el mismo año de 1791, allí vivía su hija Ana Antonia Miranda de Almeida, y fue donde finalmente murió don Sebastián.
Según investigaciones realizadas por Ángel Grisanti para el Ministerio de Educación, citando el protocolo n 28, Letra M, 1791, del Registro Principal de Caracas. Sus propiedades fueron rematadas después de su muerte.
Para la época de la publicación de los trabajos de Grisanti, la casa natal del Precursor, pertenecía a doña Amelia de López Méndez, biznieta del prócer Luis López Méndez, marido de doña Josefa María Rodríguez de Nuñez de Miranda, nieta de don Sebastián. Para 1794, todavía estaba establecida la casa tienda de mercadería y harina según el avalúo realizado por José Gervasio Villanueva, alarife, maestro mayor de herrería y contraste de pesas y medidas, citado por Ángel Grisanti en El Proceso contra don Sebastián de Miranda, publicado en 1950.
La casa donde vivían los Miranda Rodríguez en 1750 es la de la esquina del Hoyo.

Nota: Por estar publicado este artículo en este espacio muchas  desprevenidas personas pensarán que  Miranda perteneció en vida a la Orden de la Escuadra y el compás.  Esto es un tema superado por la historiografía especializada en los temas masónicos desde 1983. Miranda fue reconocido como masón durante el bicentenario de su nacimiento, en 1950.

La Masonería en la historiografía venezolana.

Para comprender el auténtico sentido y el valor de la Masonería hubo la necesidad de enfrentarse a la opinión tradicional que la tenía apresada y desmistificarla.
La preocupación de los historiadores venezolanos por la presencia de la Masonería en el objeto de su estudio es casi imperceptible. Es a finales del siglo XIX y principios del siglo XX cuando se le comienza a mencionar. Tal es el caso de Francisco González Guinán en su Monumental Historia contemporánea de Venezuela, tal vez por su vínculo personal con la Logia Alianza de Valencia donde fue iniciado debido a la impresión que causó en él, según cuenta en sus Memorias, las pompas fúnebres del general Juan Uslar. Se limita a mencionar un episodio acontecido en el año de 1853, cuando se reúnen los masones de Caracas para emitir una solicitud de amnistía a favor del general Santiago Mariño, preso político del presidente Monagas, a cuya condición masónica acuden aludiendo que dos masones notables de la Independencia hicieron un alto al fuego para establecer un armisticio para humanizar la Guerra a Muerte. Bien podía el presidente liberar al anciano general que estaba muy enfermo, muriendo varios meses después de su inmediata liberación. Dedica un capítulo titulado "Muera la Masonería" en: Tradiciones de Mi Pueblo, publicado originalmente en Caracas por la Editorial Ragón en el año de 1954 y reeditado por el Instituto Venezolano de Estudios Masónicos IVEM en 1992.
El general Landaeta Rosales, incansable recopilador de documentos históricos, cuyo archivo constituye una fuente fundamental para la investigación histórica venezolana preservados por la Academia Nacional de la Historia, elabora listas de logias y de masones que ocuparon la presidencia de la República. También perteneció a la logia Porvenir de Caracas. Además de ser quien ordenó el archivo que utilizara González Ginán para su monumental obra.
En términos generales podemos afirmar que la presencia de la Masonería en la Historiografía venezolana es apenas mencionada por algunos historiadores que militaron la Orden recordando a Bartolomé Tavera Acosta, quien hace algunas referencias imprecisas y poco fundamentadas sobre la presencia de la Masonería en la población de Carúpano y una tradición vinculada a un cerro conocido como cerro de los masones. El impresor, José de Jesús Castro quien publicó la traducción de una historia de CLAVEL, F.T. Bègue, Historia de la Francmasonería y de las Sociedades Secretas antiguas y modernas, Caracas, Caracas, Imp. José de Jesús Castro, 1858, 276 pp. En la cual menciona aspectos de la historia de la Masonería en Venezuela.
Es en Historiografía española donde la Masonería comienza a figurar como “mano negra” y oculta, a la hora de enunciar causas de la caída del imperio español en América, tendencia que se disminuye bajo los influjos del positivismo y el marxismo en la historiografía previa a la Guerra Civil. Bajo el régimen de Franco esta tendencia del fantasma de la Masonería en la historiografía española se incrementa, pero luego con la escuela masonológica fundada por el doctor José Antonio Ferrer Benimelli, se comienza a escribir la Historia de la Masonería Española y queda definida la Organización de la Masonería como consecuencia de la Independencia de Hispanoamérica, más que como una causa de la misma.
En la Venezuela de principios de siglo XX podemos citar a Laureano Vallenilla Lanz que perteneció a las logias Porvenir y Lumen de Caracas, pero no recordamos haber encontrado mención alguna de la Masonería en su obra.
Resaltamos a los autores que merecieron especial atención como precursores de la historiografía masónica por la forma profesional y técnica con que habían elaborado sus investigaciones, y la crítica histórica que realizaron para generar un conocimiento con sus apreciaciones; nos referimos al Dr. José Antonio Ferrer B., el Profesor Manuel Pérez Vila y la Dra. Miriam Blanco Fombona de Hood que constituyen el primer foco realmente crítico y el inicio de la formulación de los elementos necesarios para comprender el pasado de lo masónico. Terminamos con la fuente esencial de la leyenda masónica de los condenados por la rebelión de San Blas, prisioneros en las mazmorras de La Guayra en 1797. Esta "epidemia" legendaria entró a través de la historiografía española, vía Enciclopedia; especialmente Espasa Calpe 1917, consultada por Valdivieso Montaño, repetido por los autores posteriores como haremos mención al revisar la historia oficial de la Orden en Venezuela.
En el VI Congreso Internacional de Historiadores que tuvo lugar en Caracas, en agosto de 1988, organizado por la Academia Nacional de la Historia de Venezuela tuvieron lugar tres ponencias donde se destacó el papel de la Masonería en la conformación de la Nación.
El doctor Mario Briceño Peroso, director del Archivo General de la Nación, presentó una ponencia de crítica historiográfica sobre la obra de Américo Carnicelli, La Masonería en la Independencia de América, (Secretos de la Historia), la cual fue publicada en Bogotá, en dos Tomos en el año 1970, la cual constituye el primer esfuerzo sistemático para introducirse en el tema, caracterizada por la recopilación y reproducción de las listas de los masones y logias de la primera mitad del siglo XIX.
En ese mismo evento, se encuentra la ponencia de la profesora Carmen Brumilde Liendo, “La Masonería en Venezuela. La Influencia en la Emancipación.” Su valor esencial se centra en la recopilación y ordenamiento de algunos textos donde se ha tocado el tema de la Masonería en la Independencia”, ofrece datos interesantes sobre la fundación de las logias en El Caribe, la cual fue publicada en el Anuario de Estudios Bolivarianos Bolivarium, publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Simón Bolívar, y su aporte fundamental fue plantear la necesidad de desmitifar el tema. No obstante adolece de un criterio mejor elaborado, a la hora de tratar las fuentes bibliográficas, porque asume con poca desconfianza, a escritores que ni siquiera se toman la molestia de citar las fuentes.
En el mismo Congreso, la ponencia del historiador, Eloy Reverón: "Influjos Masónicos en la Instauración del Matrimonio Civil", Caracas, 1988, informa sobre un legajo de 89 folios, que reposa en el Archivo de la Asamblea Nacional, correspondiente a la correspondencia elaborada por la Gran Logia de Venezuela y 10 logias de Caracas y de las principales ciudades de Venezuela, para solicitar a la Cámara Legislativa, la Instauración del Matrimonio Civil en Venezuela, y de los Registros Civiles para Nacimientos, Matrimonios y Defunciones. El trabajo había sido resultado de una práctica de archivo como estudiante de técnicas de investigación en la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela, el cual fue un primer contacto con el tema para la posterior tesis de grado para optar a la licenciatura en Historia: Masonería en Venezuela, 1867 1870"Caracas, UCV, 1992.
Durante aquel arqueo inicial, apenas tuvo tiempo para descubrir a última hora, que en la sección de libros raros de la Universidad Central de Venezuela había un folleto que había trascrito los documentos estaba trabajando en el Archivo. A penas logra hacer algunas apreciaciones sobre el discurso de las diferentes logias, en la forma tan variada como asumen el problema de la separación de los asuntos civiles de los religiosos, del enfrentamiento entre la Iglesia y la Masonería. Y el problema en sí, de la manipulación ejercida por dos sacerdotes sobre masones moribundos, obligándolos a abjurar públicamente de la Masonería a cambio de que los hijos no perdieran el ejercicio de sus derechos sucesorales por no estar registrados en los archivos de la Iglesia.
Debo mencionar dos publicaciones del historiador Eloy Reverón en el Anuario de Estudios Bolivarianos Bolivarium, publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Simón Bolívar; la primera: “Historiografía Masónica de la Independencia”. y “El Fantasma de Bolívar en la Masonería Venezolana”. La primera sobre lo que los masones habían escrito a cerca de la participación de la Masonería en Independencia, y la fragilidad de sus argumentos, amén de la carencia de documentos para sustentar las diferentes especulaciones. El Fantasma de Bolívar revisa la breve vida masónica de Simón Bolívar, y sus relaciones con el general español, don Pablo Morillo.
Entre las tesis de grado elaboradas sobre el tema de la Masonería en las Escuelas de Historia de la Universidad Central de Venezuela y la Universidad de Los Andes, toca al suscrito Eloy Reverón la primera tesis elaborada sobre el Tema: “La Masonería en Venezuela. (1864 - 1870), Caracas, UCV. 1989. De esta obra toma IVEM los datos para esta nota. IVEM, Caracas, 24 de abril de 2008