Desde la perspectiva de una visión integral del tiempo histórico, atentos a la dialéctica de la Dominación Resistencia Liberación emerge la histórica como una visión liberadora de la historia, historia para la liberación, escrita desde la periferia para estudiar los influjos masónicos en el proceso de emancipación en curso.
martes, 22 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
Miranda en el Laberinto Mediático del Pasado.(Parte I) Por Eloy Reverón
Los mantuanos de Caracas armaron una versión chismográfica de la vida del hijo de don Sebastián de Miranda, en el ejército español y durante sus andanzas de cuatro décadas por el mundo. Esa versión no pudo descalificar y minimizar al personaje porque el destino le tenía reservado un espacio en la prensa e historia europea y estadounidense, y sobre todo: en su archivo personal, reconocido por la UNESCO como patrimonio histórico de la Humanidad.
Esa chismografía fue reseñada magistralmente por la hábil pluma de Juan Vicente González, al servicio de la oligarquía conservadora que utilizó todo el poder mediático de aquel entonces con el objeto de mitigar el miedo que todavía generaban los genuinos libertadores a los intereses de la clase mercurial.
Ni las mentes colonizadas de la decadente nobleza colonial, ni los contemporáneos a Miranda, menos aún, la generación de J. V. González podían comprender la razón por la cual, un ser de la periferia hubiera logrado conquistar un espacio de dignidad y respeto, en sociedades y en espacios políticos y culturales del centro.
Lo introducen presidiendo el Congreso Constituyente de 1811. Y solo en 1865 comienza a sorprender su celebridad en la historia de Francia. Resalta con desprecio que su padre se había enriquecido con comercio. Poco documentado, o mal intencionado, el periodista no menciona que el padre de Miranda ganó un juicio a los mantuanos por su derecho a vestir uniforme del regimiento de Blancos: “Resentida su familia, le envió a la Metrópoli, donde compró una charretera de capitán.” El tono de su discurso descalifica tan sutilmente que suena como si hubiera comprado el uniforme en una tienda de disfraces. No es lo mismo que disponer de 85.000 reales de vellón para costear la dote de un capitán del regimiento de infantería de la Princesa.
González lo pinta como hijo de papá: con un mapa en la mano estudiando y divirtiéndose. No voy a referirme a las sandeces que manejó en torno a su relación con Catalina de Rusia y la forma como la descalifica para poner en minusvalía a Miranda. Tampoco argumenta su referencia a la relación de Miranda con una Reina. Ni siquiera sospechó que el interés de la Zarina era el de conocer a un prócer de la independencia estadounidense, alguien que podía, como en efecto lo hizo, actualizarla en asuntos de política internacional, y en asuntos militares. Los mitificadores del Casanova deberían considerar la magnitud política de las negociaciones ruso estadounidenses con respecto a Alaska, y que La Zarina pudo conocer la admiración por Miranda que John Adams declaró a la prensa.
La pluma mercenaria ignora el interés que despertó su formación intelectual y su vasto conocimiento reduciéndole a la banalidad del galán. No sabemos si González conoció la obra de otros historiadores diferentes a Michelet, M. Louis Blanc o Malle Du Pan. El discurso de González revela su saña cuando descalifica la habilidad de Miranda para probar su inocencia ante el tribunal revolucionario que pretendió involucrarlo con la traición de Dumoriez: .., él (Miranda) confundió las acusaciones de sus enemigos en once sesiones consecutivas, alcanzando con su facundía y destreza que le absolviesen … vale decir: que según el periodista, Miranda no probó su inocencia, sino que confundió las acusaciones. Casi que timó a sus acusadores. Cualquier parecido con la manipulación del discurso de los medios privados de información del siglo XXI es mera coincidencia.
Los textos escolares se hicieron eco de la palangria al afirmar que Miranda: “Había llegado ciego, como todos los que han estado largos años ausentes de la patria, descontentadizo y desdeñoso con cuanto veía, como los que han visitado”. Suponen que su ausencia de más de cuatro décadas, le impidió comprender la idiosincrasia venezolana. Argumentaron que él estaba acostumbrado a regir ejércitos disciplinados, y no podía conducir montoneras. Realmente mostró sus habilidades de estratega, al contrario que el Marqués del Toro. Lo que poco se recuerda, es que la gente que acompañaba a Monteverde actuaba como resentidos sociales: una masa de saqueadores que crecía “como los ríos cuando se le suma la lluvia.” El bochinche consistía en algo más que el ver a un Marqués defendiendo una república, y que los pardos y los isleños se opusieran al modelo republicano. Esto se explica con un concepto que no se había popularizado entonces: la lucha de clases; y con otro: que el resentimiento social era tan grande, que no se necesitaba ideal para hacer una guerra semejante. Tampoco percibieron la diferencia entre la guerra social y la guerra por la independencia. Metieron todo dentro del mismo saco para velar las realidades que permiten ocultar la relación de dominio presente en la historia desde el “encubrimiento” de América que comenzó, al igual que la invasión, la conquista y la colonización, a partir de 1492, y que en pleno siglo XXI no se han cerrado, solo que han mutado su forma como los virus.
Es lugar común repetir la impresión de otros sin revisar las fuentes primarias, otras posibilidades o darle un espacio a la duda. Cabría preguntarse si Miranda estuvo tan ausente como supone una ausencia física. Si juzgamos por el contenido de su proclama firmada en Coro 1806, donde sabe porqué toma en cuenta o incluye a los pardos y los indios.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Independencia de Venezuela y Masonería por Eloy Reverón
(Fotografía E. Reverón, Páez en redoma de Acarigua)El presente texto es la ampliación a una consulta que se nos hizo, desde Argentina para una publicación española sobre el tema de la influencia de la Masonería en la Independencia de Indoamérica.
Como historiador, y por las investigaciones que he realizado sobre el tema, hablar de revoluciones libertadoras bajo los influjos de la Masonería, es difícil, porque la Masonería en Nuestra América se organizó después de la llamada Independencia. Esta fue motivada como resultado de la explosión social a consecuencia de la crisis de autoridad generada por la decadencia de la Monarquía española, cuando los mantuanos caraqueños se negaron a reconocer un cambio de dueño.
Simón Bolívar, quien había vivido una experiencia masónica de algo más de tres meses, viajó a Londres en julio de 1810, con el objetivo de buscar a Francisco de Miranda, para que éste, gracias a su amplia experiencia como diplomático, político, militar, estratega, hombre de mundo, quien además había estudiado la forma organizativa de los masones, le recomendó a su librero, un francés de apellido Leleux, cuya experiencia masónica le fue útil para organizar la Sociedad Patriótica, un foro paralelo donde las clases emergentes, vale decir pardos, canarios e intelectuales radicales, se constituyeron en un foco crítico y de presión al Congreso Constituyente de 1811 para contribuir a radicalizar el proceso.
Cuando los mantuanos declararon la Independencia, intentaron asumir el control absoluto, excluyendo a la gran mayoría. Una realidad es el balance mundial de poderes en crisis ante la amenaza de Napoleón, la independencia de los Estados Unidos y luego la Revolución francesa; otra, la realidad concebida por la clase dominante frente a la crisis; y finalmente, el estallido social como consecuencia del derrumbamiento del rígido modo de producción colonial debido al avance de la clase mercurial y el establecimiento de punta de playa de la emergente economía capitalista que paulatinamente se había venido instalando en el Caribe insular; y finalmente, la resistencia de los sectores excluidos rechazando una realidad económica que no tomaba en cuenta sus necesidades.
La violencia se fue haciendo dueña de la política por un espacio de 100 años, hasta que fue sustituida por la violencia institucionalizada encarnada en la dictadura de Juan Vicente Gómez y denunciada por la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín en 1968. En resumen, la ecuación de nuestra historia está precedida por un signo negativo ubicado en la parte externa de las llaves, corchetes y paréntesis que afecta a toda la ecuación, la cultura de dominación que implantó un modelo de sociedad, que no solo mantenía a la mayoría fuera de los muros de la Casa Grande, sino que generaba un reproducción cada vez más numerosa de excluidos al margen de la redistribución de la riqueza.
En mi libro, el Fantasma de Bolívar en la Masonería Venezolana, planteo que los posibles influjos de la Masonería, pueden estar en el proceso de pacificación, como una actividad cónsona con la naturaleza de la organización de los llamados obreros de la paz. Sin embargo, esto no excluye la posibilidad que la misma naturaleza organizativa inspirada por esta institución no hubiese permitido un espacio para la discusión de ideas, así como para el espionaje y la conspiración.
Entre Bolívar y Morillo, en su famoso encuentro de Santa Ana de Trujillo en la cordillera andina de Venezuela, allí hubo una larga conversación que careció de testigos y que se podría interpretar o deducir a partir de la observación de las consecuencias políticas de aquella reunión, cuyo texto no recogió la historia documental. Sin embargo, señalé entonces, que un testimonio sólido sobre la Institución Masónica como mano oculta de este hecho, sería aventurado.
Una cosa es la voluntad de los conspiradores, y otra la fuerza liberadora que reacciona ante la fuerza de dominación. En esto los pueblos son impredecibles.
El fantasma de la Masonería en el derrumbe del imperio español en Nuestra América, fue creado por la Historiografía Española, y recreado en este lado del Atlántico por los masones, sin lograr fundamentar con propiedad tales teorías conspirativas. En este sentido José Antonio Ferrer Benimelli, un jesuita de Santander, España, es la única persona a quien puedo recomendar para hablar con propiedad del tema.
Avanzado el siglo XIX, y en países como Cuba, el tema de la Masonería y la Independencia es otro asunto.
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domingo, 26 de abril de 2009
La Masonería y las Masonerías por Eloy Reverón

Para aclarar el tema es necesario hacer un poco de hermenéutica en torno al vocablo masón, franc masón y masónico. Masón y franc masón corresponden a la masonería moderna organizada en Londres a partir de 1717. Lo masónico se ha dado a la relación que ejerce el lenguaje vulgar con respecto a todo lo que se inspire en la masonería. De esta forma resulta masón hasta Jesucristo. Por el estilo de su organización y por haber estado incluida junto con otras organizaciones identificadas como iniciáticas se le ha vinculado a lo conspirativo, a los manejos políticos secretos y demás intrigas que se suponen en la historia del Orbe.
¿Porqué los investigadores habrían de interesarse por la historia de una institución semejante? ¿Tiene hoy día la misma vigencia que se le ha atribuido en el pasado?
¿Hasta qué punto refleja la realidad de la parcela global?
¿ No necesitarán los masones del presente destilar lo fantasioso de la realidad en el pasado para adquirir una visión realista del presente y del futuro de la Orden?
La Historia de la Masonería Venezolana había sido subestimada por los historiadores profesionales y sobre valorada por prosélitos y escritores sensacionalistas interesados en propagar fantasías ajenas a la virtud masónica. El equilibrio entre estos dos puntos identifica la línea limítrofe entre el Mito y la Realidad.
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martes, 2 de diciembre de 2008
Historia de la Masonería en Venezuela por Eloy Reverón

Los orígenes de la Masonería en Venezuela están ligados a las cofradías de los militares profesionales, quienes después de pelear en las guerras napoleónicas, vinieron a pelear en ambos bandos de la guerra de emancipación venezolana, tanto por la causa patriota como por la realista. Aunque Celestino Romero realiza una serie de especulaciones en su libro “Raíz Histórica de la Masonería en Venezuela”. Estas afirmaciones provienen de manipulaciones, que de las fuentes bibliográficas realizaron otros autores masones interesados en hacer lucir a la Masonería como “Madrina” de la Independencia, tal como mostré en mi tesis sobre la Masonería Venezolana en el Siglo XIX (UCV Escuela de Historia, 1992). Romero, sin ser historiador, ni siquiera de oficio o afición, afirmó que en nuestro suelo, la Masonería ya estaba presente antes de estos movimientos independentistas. Su elucubración consiste en afirmar que los reos que llegaron a La Guaira el año 1796, de la España monárquica: cuatro prisioneros acusados de rebelión en contra de La Corona; los nombres de estos revolucionarios eran: Manuel Cortes Campomares, Juan Mariano Picornel, José Manzanares y Sebastián Andrés, quienes quisieron convertir en Republica Liberal a la España Monárquica. Ninguno de los autores anteriores se preocuparon por mostrar de donde sacaron la idea de que estos señores eran masones. Simplemente parten de una premisa simple, si es revolucionario republicano, liberal tiene que ser masón. Pero resulta que personajes como el general Morillo y otros oficiales españoles también se reunían en logias, y sabemos por investigadores masones serios, como Leonel Semungal (AQC de Londres), que en la isla de Santa Lucía en El Caribe Oriental, existieron logias compuestas por masones monárquicos que tuvieron que escapar a la monárquica Trinidad, cuando los funcionarios de la Revolución Francesa, llegaron con el objeto de decapitarlos, dejando incluso el suntuoso templo masónico reducido a escombros.
Como lo he mostrado en otros trabajos, esa fantasía masónica proviene de un autor llamado Asciclo Valdivieso Montaño (autor de un valioso trabajo sobre Boves), quien extrajo de un artículo de una enciclopedia, la fuente “histórica” de su afirmación. Pero para no poner en contradicción las fuentes que utilizó, omitió la fecha de la llegada de los primeros masones a Venezuela, 1808, señalada por José de Jesús Castro, en un agregado que le hace a la traducción e impresión de la Pintoresca Historia de la Masonería y las Sociedades Secretas, publicada originalmente en París en 1848, cuyo autor, F.B.T. Clavel, hace referencias a la Masonería Venezolana, en tiempos posteriores a la llamada guerra de Independencia.
El primer documento que nos permite pensar seriamente en la presencia de una institución, lo constituye una solicitud de carta patente para regularizar una logia que funcionaba en Valencia (1823), donde algunos connotados legionarios británicos habían iniciado al Centauro, y lo habían nombrado Venerable Maestro de su logia.
El documento en cuestión se encuentra en la Academia Nacional de la Historia en Caracas. Allí hace mención a un comerciante estadounidense de apellido King, que ya había recomendado a las logias de Barcelona, Cumaná y La Guaira, solicitar sus cartas patentes. Este comerciante estadounidense estuvo en contacto fortuito con el cónsul británico Robert Kir Porter, según algunas referencias que este último hace en su diario.
En la continuación de esta nota mostraremos con mejor detalle los orígenes de estas fantasías masónicas, repetidas por tantos años que casi se convierten en verdad.
sábado, 14 de junio de 2008
La Guerra de los Cien Años* Eloy Reverón
Parte II Discurso pronunciado por el Historiador Eloy Reverón en el Templo Masónico de Altamira, el 20 de febrero de 2006
Existe una tendencia historiográfica que presenta a la guerra de emancipación como una lucha por la libertad y la independencia política que termina con la batalla de Carabobo, la toma de Puerto Cabello y la batalla naval del Lago de Maracaibo. Vincula el origen de la violencia con la presencia del gobierno español, donde la llamada independencia asume el rol de panacea que se desborona ante la realidad vivida después de reconocida nuestra independencia política. Una independencia política obtenida por la fuerza de una unas armas compradas a crédito, la cual generó una deuda tan importante que incidió de manera fundamental en nuestra dependencia económica. La violencia política se mantuvo porque las causas esenciales de la guerra no fueron erradicadas. La base de la economía se apoyaba en la explotación de la fuerza de trabajo esclava, y el sistema de exclusión social fundamentado en el color de la piel dejaba fuera a la gran mayoría de la población parda. Este conflicto fue enunciado por la clase mantuana como el conflicto entre la libertad y la autoridad. El temor de los mantuanos ante la amenaza de la pardocracia. El colectivo venezolano ha seguido la línea de un líder que actúa como una suerte de mecías a quien se acude en los momentos de mayor tensión social, o cuando el conflicto esencial de nuestra historia alcanza su máxima intensidad. La tendencia del culto a la personalidad es un producto socio histórico de nuestra cultura. Para entender este conflicto, el historiador positivista como Laureano Vallenilla Lanz, miembro de la logia Lumen, lo califica como integración y desintegración, Rómulo Gallegos lo ilustra como la lucha entre la barbarie y la civilización, el marxismo como la lucha entre explotadores y explotados. Todas son formas de abstraer la realidad histórica a lo teórico con el fin de explicar o comprender o llevar al nivel cognoscitivo, la relación pasado presente. Pero si extraemos ese conflicto de lo abstracto a lo concreto, nos encontramos con un proyecto de implantación de un modelo de sociedad y de civilización, frente a un sector excluido que siempre la rechaza. Se trata de un modelo de sociedad fraternal, de amor universal o católico, que funge como supraestructura ideológica para sustentar un sistema económico colonial cuyo objetivo se centra en las necesidades del mercado metropolitano y del creciente capitalismo internacional. Pero este modelo encontró resistencia, los pobladores originales, los primeros pero no los únicos que no tenían lugar en esa sociedad que se implantaba, a no ser como sirvientes o como amantes sometidos. En trescientos años, esa forma de dominio ejercida por los europeos que llegaron desde afuera, acusó una debilidad fundamental. La gente que quedaba fuera de la protección de los muros de la Casa Grande, discriminada, excluida de la sociedad implantada. Esa clase marginal sobrepasaba las tres cuartas partes del total de la población al iniciarse la crisis de autoridad de 1911. Este sistema colonial había establecido una serie de privilegios y exclusiones que generó tensiones severas en la medida que el número de excluidos sobrepasaba a los privilegiados habitantes de la Casa Grande.
* La guerra de los cien años es el nombre de un capítulo del libro Ni Dios ni Federación, del historiador Manuel Caballero
* La guerra de los cien años es el nombre de un capítulo del libro Ni Dios ni Federación, del historiador Manuel Caballero
(En próximas actualizaciones continuaremos con el texto del discurso)
jueves, 24 de abril de 2008
Antonio Guzmán Blanco Eloy Reverón
Discurso pronunciado por el Historiador Eloy Reverón en la Logia Ilustre Americano de Caracas.
En el Templo Masónico de Altamira, a los 20 días del mes de febrero de 2006
Texto del Discurso (Primera Parte)
Es poco lo que se pueda agregar a la información que se maneja en torno a la vida de un personaje como el que me honra tratar ante una audiencia, que con Antonio Guzmán Blanco, guarda con muchos de los presentes, un vínculo que se fundamenta en compartir la experiencia de la Iniciación en los Augustos Misterios de la Orden de La Escuadra y El Compás.
Para llegar a un acercamiento justo[2] tomamos un camino diferente al de sus biógrafos. No vine a narrar ni sus hazañas, ni sus pecados. Ni panegíricos ni adulaciones estériles, menos aún hacer juicios históricos. El registro de la vida masónica de Guzmán Blanco es breve. Se conservan sus discursos como el pronunciado en las Pompas Fúnebres del paladín de la Masonería Venezolana, el general Santiago Mariño, Serenísimo Gran Maestro del Gran Oriente Nacional de Venezuela. También son célebres sus palabras pronunciadas durante los actos de inauguración del Templo Masónico Nacional. Dejó tras él, una logia que hizo un trabajo muy importante por su liderazgo y la capacidad de organización para dar una respuesta a la sociedad en momentos de emergencia. La Respetable Logia Esperanza N 37.
El motivo de mi reflexión se orienta a exponer algunos elementos que conformaron el ambiente institucional, político y social del tiempo histórico donde brilló la existencia del Ilustre Americano, miembro fundador de la Logia Esperanza N 37 en 1854[3]. En el cuadro logial figura como Orador Fiscal, muy a tono con su profesión de abogado, aunque después de instalada la logia, su asistencia decrece paulatinamente en tanto que su vida pública se hace cada vez más intensa; tanto en el mundo de la Diplomacia, como en el de la Guerra, la Política, o el de las finanzas.
Para entender el sentido esencial de la obra de un líder histórico como Guzmán Blanco es necesario ubicarnos más allá del bien y del mal[4], y sobre todo de gustos personales. Esta aproximación nos ha dado resultados interesantes para conocer el ambiente donde se desarrolló una personalidad semejante.
En virtud de las razones expuestas, debo aclarar que sobre la vida de los Guzmán se han escrito prestigiosas biografías que los beatifican o satanizan, según el punto de vista del autor que se asuma su juez.
Trazar las líneas iniciales para entender el momento histórico, donde el apellido Guzmán participó con su vida para conducir el destino político de Venezuela que algunos historiadores definen como Guzmanato, el siglo de la Masonería.
El tiempo de los Guzmán transcurre en una centuria caracterizada por la violencia política expresada en una cadena de guerras civiles. En la primera crisis de autoridad de La Corona Española, José Bonaparte obliga al rey Fernando Séptimo a renunciar al trono. La clase mantuana se reúne en el cabildo y se declaran independientes como consecuencia de su intento por defender los derechos del rey Fernando Séptimo. Esta clase mantuana mantuvo al margen a la mayoría de los pardos y el resto de los excluidos se revelaron en contra del gobierno patriota, alzados en armas; la caballería de lanceros llaneros comandados por el general José Tomás Boves, irrumpen en una guerra de exterminio contra los blancos criollos.
Esa explosión social fue reorientada después de la batalla de Urica, donde muere el Taita de los llaneros rebeldes, y el general Páez los logra reclutar bajo su mando, pero al servicio de la causa patriota, y luego de la oligarquía conservadora. Así el general José Antonio Páez mantiene a raya, a la violencia opositora al proyecto de sociedad implantada, cuya reformulación contribuyó a legitimar el Centauro con la fuerza de sus armas a partir de su primera presidencia en 1830.
Antonio Leocadio Guzmán regresa a Venezuela en 1823. A los seis años de instalado ha logrado casarse con una dama de la sociedad caraqueña, y ya tiene en la cuna al sucesor del general Páez.
Sin embargo debemos estar conscientes de que no se puede entender al Ilustre Americano sin conocer al padre, Antonio Leocadio Guzmán, cuyo papel protagónico en la política venezolana marcó un hito, tanto en la vida política nacional, como el la formación política de Antonio Guzmán Blanco.
El otro aspecto relevante de Guzmán es su origen familiar, donde se aprecia por la línea materna; la familia Blanco, perteneciente a la rancia aristocracia caraqueña, la misma prosapia de doña Concepción Palacios y Blanco, madre del Libertador. Su padre por el contrario, fue enviado a estudiar a España después que su abuelo, un sargento realista de quien no hay muy gratos recuerdos por parte de los patriotas de la plaza de Puerto Cabello, se había ido a Cuba tras la derrota de los realistas.
¿Qué le pasó al padre de Antonio Guzmán Blanco, Antonio Leocadio Guzmán?
Regresa de España educado para participar en la vida política nacional fundando el periódico más polémico de su tiempo, vocero del partido Liberal, grupo político al que perteneció, y miembro de una Masonería de cuya trayectoria se sabe poco, porque la violencia política quemó la mayor parte de sus archivos.
Antonio Leocadio Guzmán se educó en España mientras los venezolanos de su edad sobrevivían a los azotes de la guerra. Busca relaciones políticas mediante la Masonería, posición social mediante el matrimonio, y un espacio en la vida pública en el ejercicio del periodismo como redactor y dueño del más influyente medio de comunicación social de su tiempo.
Regresó en un momento de transición, una tregua abierta después de la primera etapa de las guerras civiles, conocida como la Guerra de Emancipación. Para comprender al Ilustre Americano, es necesario entender el mundo político donde se desenvolvió su padre, fundador del periódico El Venezolano (1840 1845) y el Partido Liberal. En alguna oportunidad tuvo que suspender sus estudios por los altos y bajos de la vida de su padre, que se vio perseguido, condenado a muerte, indultado, exilado y restituido en sus funciones públicas de alto nivel, en lapsos relativamente cortos. Su casa llena de políticos e intelectuales. Este primogénito sabrá cumplir por su padre, el sueño de llegar a ser presidente de Venezuela.
En los días que Guzmán vino al mundo, el Proyecto Bolivariano está en crisis, es 1829 cuando el Consejo de Gobierno de Colombia le proponía al Libertador un proyecto de monarquía con su respectivo cargo de Emperador. Guzmán nació poco después del atentado contra la vida del Libertador en Bogotá, y cuando la estrella del General José Antonio Páez comenzaba su ascenso como el hombre fuerte que impondría su liderazgo en Venezuela hasta la llegada del general Antonio Guzmán Blanco al poder.
Entre Páez y Guzmán median dos generaciones de masones y una guerra de emancipación con sus respectivas ramificaciones bélicas hasta la última, la más larga y agotadora de las guerras civiles de la Venezuela independiente del siglo XIX y de cuyos escombros surgiera como el Ave Fénix, el liderazgo político de Antonio Guzmán Blanco. Se fueron los militares españoles pero quedaron los españoles mentales, la ideología colonialista de los inversionistas. Guzmán supo asociarse con el capital extranjero para financiar un sistema autocrático de gobierno vinculado a la modernización de las instituciones. Un espacio de paréntesis en la Guerra que los textos escolares dividen en Septemio, Quinquenio y Bienio. Pero más allá de la típica visión del pasado que pretende dividir la realidad histórica en períodos presidenciales, están los influjos de un hombre que supo como sacarle provecho a un país en ruinas.
Antonio Guzmán Blanco llegó para ocupar el cargo del Centauro como el hombre fuerte que liderará a Venezuela después de finalizada la Guerra Federal. Asumirá el rol de líder de los líderes hasta finalizar el siglo XIX. Con su muerte en París, a finales de julio de 1899 quedará vacante el oficio del hombre fuerte hasta el ascenso del general Gómez.
Notas
[1] Discurso de Eloy Reverón para el centésimo septuagésimo séptimo aniversario de su nacimiento en la Logia Ilustre Americano.
[2] Serio y desapasionado
[3] Fue instalada el 27 de diciembre de 1853
[4] Una aclaratoria con respecto al personaje, por demás inspirador de las más diversas polémicas, para quienes no ven la historia más allá del mero episodio de sus protagonistas, y la asumen como un asunto tan personal como pueda ser la simpatía por los Leones del Caracas, o los Navegantes del Magallanes. Quiero dejar claro que existen argumentos tan fundamentados y válidos para alabar su obra, como para destruirla.
Continuará en la próxima actualización de la página
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